domingo, 6 de mayo de 2012

Los puntos de referencia



Cada tarde paseo con Nela a campo abierto. Tenemos las mismas preferencias, así que no cabe disgusto en la elección del camino. Bajamos por la calle de la Ermita hasta  la Romanilla. La Romanilla es la calle de la panadería; en ese punto torcemos a la izquierda y  continuamos hasta el almacén de  Paco López, y desde allí, ya casi a descubierto,  enderezamos hasta el cerrillo de San Isidro. A partir de los espartales contiguos suelto a Nela para que goce a sus anchas del campo.

El entramado urbano lo pasa Nela atada a mi mano y pegadita a mí. Creo que va contando mis pasos, mas que los suyos,  y así ahorra números. Sabe que salimos a las siete porque suena la campana, y que desde casa bajamos unos metros hasta la puerta de la sacristía. Suelen allí corretear los niños, esperar las beatas su turno  y  amonestarse  las jóvenes casaderas. Nela olfatea la cera, el olor especialísimo a lejía del suelo de la casa parroquial y se marcha diligente de allí. Prefiere la panadería y el pan de aceite, y las tortas que las mujeres llevan a cocer y sacan del horno aún calientes. Le fascina cuando cruzamos con una moza portando una de esas tortas  tapadas con un trapo blanco inmaculado.  Nela distingue el pan de aceite de la hogaza redonda o de una telera aún caliente y conoce con precisión la masa  de magdalenas de la hogaza redonda y humeante. Sé que prefiere la hogaza. Un día cayo una magdalena al suelo y fue a comerla. El papel la desconcertó hasta que sujetándolo con la mano pudo mordisquear el dulce. Desde entonces recela de ellas.

Procuro en los paseos no recorrer caminos nuevos sin advertirlo. ¡ Nela!, huele; hoy vamos a ir a la Vegueta; manténte atenta y mide la distancia; Y entonces se pega  de nuevo a mí para que le abroche el mosquetón y nos aventuramos por la carretera unos metros. Entonces serena los pasos y lo olfatea todo  para tomar secuencias de olores, puntos de referencia, sensaciones conocidas. He notado que al pisar el asfalto se detiene. Asocia el  peligro de los coches al mullido templado de la vía y aguarda expectante mi orden de cruzar. Vamos, le digo, y de un tironcito me lleva a la otra acera.

Supongo que todos somos un tanto como ella. Llevamos lo conocido en el alma y solo entre los puntos de referencia sabemos descansar. La sacristía esta bien saber donde está, incluso notar la Iglesia a tus espaldas y escuchar la campana. Es una buena referencia de partida, le digo; pero la panadería es la panadería y le explico como es el trigo en la era formando el pez; y como llega al almacén de Paco López, y como luego se hace harina blanca como la nieve, y como se esponja y crece en el horno. La panadería es una buena segunda referencia.  Luego llega lo nuevo, lo desconocido, el mañana. Uno no puede vivir sin un mañana, Nela. El futuro es la esencia de cada día para hacerse presente. Si no existiera el mañana, el hoy seria insufrible; si no existiera lo desconocido, los puertos esos de referencia nuestra, los goznes de la vida carecerían de sentido y el mundo nuestro, Nela, sería una cárcel, un callejón ancho quizás, pero sin salida. Creo que me ha entendido porque, sin dudarlo, se ha alejado unos pasos más allá de lo habitual y se ha perdido. La he visto  golpearse levemente con un árbol. Enseguida la he llamado: Vuelve, Nela, estoy aquí; y ha regresado  moviendo el rabo al reconocer mi voz.





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