martes, 10 de abril de 2012

EL PENDIENTE

                                                                

 Le cuento a Nela que los mozos modernos llevan pendientes. Es difícil explicárselo pues los pendientes no huelen. Los pendientes son metálicos, brillantes, acerados, lacerantes, y algunas cosas más. Pero claro, todos estos adjetivos son  ciertamente abstractos, y lo abstracto, para una perra ciega, es duro de entender. Para saber como es un pendiente de mozo moderno hay que tener alma de mozo punky,  o al menos, y ante lo imposible para ella y para mí de esta posesión espiritual, hay que tener mechones rojos, o violetas, en el pelo . 

Lo mas complicado es que  cuando Nela veía, los mozos no usaban tales adminículos y por lo tanto mi amiga no asocia el pendiente a ninguna imagen previa, ni sabe bien la relación del pendiente con el sentimiento de prevención que suscita en mí. Ella nota que la cadena suya se tensa; sabe que nos pegamos a la pared de la sacristía, o de la escuela, o de cualquier casa - cuando pasa uno de estos mozos - y sabe que luego, con frecuencia, suena un ruido infernal de moto sin escape que arrecia al aproximarse, y se hace insufrible. También sabe Nela que inmediatamente el ruido se aleja calle de la Ermita arriba o camino de las eras. Tranquila, Nela, tranquila: ya pasó el punki de los cojones -  le digo – y continuamos nuestra marcha.

Una mañana intenté  asociar el punky a un hecho concreto y así hacerla comprender  lo que significa el pendiente de mancho adolescente moderno. Salimos, según constumbre, a comprar el pan, y  al pasar por la acera de Prudencio  vi aparecer  un chucho barjero indefinible.  Con mas miedo que otra cosa, el chucho se acercó a nosotros y olió a Nela unos instantes. Nela, que no estaba en celo, bajó el rabo y continuó su andar imperturbable. Ursula, la mujer de la limpieza de Prudencio, pintaba en aquel momento la reja de una ventana de verde, así que todo fue coser y cantar: con un alfilerito le pinché a Nela en una oreja y luego le pinté un mechoncito de verde junto al hocico al chucho intruso. Ves, le dije a Nela : tú no estás en celo y a tu admirado le huele el hocico a pintura...¿entiendes?: eso es un pendiente de punky.

 Nela se pegó a la pared y esperó que sonara el ruido infernal de la moto mirando hacia el perro barjero que unos metros mas arriba había detenido su paso e intentaba quitarse la pintura.  Pero como no había moto – pues de momento los perros barjeros no tienen moto -, mi amiga no comprendió nada. Testarudo, intenté explicarle las analogías trasnochadas del punky, la pintura, y el pinchazo en la oreja:


-          Ves Nela: los mozos son así, como el chucho: tienen miedo, o vergüenza, o se sienten pequeños, o torpes, o indecisos y entonces se ponen un distintivo, una señal, un estandarte para olvidar su pequeñez. ¿ Lo entiendes? ; con el pendiente puesto ya es otra cosa; con el pendiente puesto pueden acercarse rápidamente hasta nosotros y huir de estampida, y hacer ruido, e impresionar, y atemorizar, y reafirmar su poderío incipiente. No son malos, Nela: son solo pequeños como tú y como yo, y como todo el mundo.

Nela me miró perpleja.

A la mañana siguiente hicimos el mismo recorrido. Cogí un arete del tocador de una de mis hijas y me lancé a la calle. Ursula seguía pintando las rejas de Prudencio y estaba en aquel trance remangada y hermosa; así que  esta vez intenté explicarle a Nela  lo del punky desde otra perspectiva. Me acerqué a Ursula, le pinché a la perra con el alfilerito, y le dije a la atareada pintora:

-          Buenos días Ursula; esta usted de buen ver esta mañana, ¿ me permite? ;

 Y fui yo, en esta ocasión, el que se pintó – mas de lo previsto – media frente  de verde.  Ursula me miró perpleja. ¿está usted bien?... - me dijo -.
   
            -          La que está bien es usted, Ursula... y me alejé como si nada.


 Al doblar la esquina   - para que no me viera mi admirada Ursula  - tomé aire, miré a derecha e izquierda par cerciorarme de mi soledad y;  ¡ Ruuuum, Rummmm!, hice el ruido de una moto ciertamente birriosa y con escape.  Nela no se pegó a la pared sino que desde el centro de la calle me ladró con rabia. Yo me sentí, ante ella, haciendo de moto y con la frente verde un pelín ridículo.

 He decidido no explicarle más lo de los mozos modernos. Y es que uno no puede – le digo -  expresar algo que no lleve en el alma. Esa es la cuestión Nela: solo se puede expresar medio bien lo que llevas en el alma. Los hombres somos complicados. Unas veces estamos ciegos. Otras lo aparentamos. Otras pensamos que los ciegos son los demás, y  casi siempre nos cuesta infinito expresar lo que sentimos. Los hombres  hacen con lo natural filigranas de expresión, llevan hasta la pantomima  lo instintivo y en definitiva, Nela, repiten a la naturaleza en sus colores y en sus brillos.

 Ha pasado una mariposa camino de su flor. Nela la ha sentido en su volar incierto, y ha ladrado, esta vez sin rabia.  Creo que ha asociado el pendiente a la mariposa..., ¡joder!. ¡joder! ¡joder!, que arte me he dado para que mi explicación acabe así - pienso - . Claro que en el fondo, Nela ha asociado el punky a lo efímero, a lo ondulante, a lo frágil.  Me ha dado una buena lección. Desde ese momento, cuando suena una moto se aparta , pero ya no nota el tironcito de repulsa de la cadena que la une a mi mano. El del pendiente, pienso, está tan solo como yo; pero él no tiene a Nela, tiene solo una moto-. Él tendrá más miedo que yo - le dije -: y de ahí el pendiente.   


1 comentario:

  1. Cada vez es mas tentador... Cada vez se hace mas difícil rechazar un sueño.

    Qué hermosa manera de decir, Félix.

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