Lo mas complicado es que cuando Nela veía, los mozos no usaban tales adminículos y por lo tanto mi amiga no asocia el pendiente a ninguna imagen previa, ni sabe bien la relación del pendiente con el sentimiento de prevención que suscita en mí. Ella nota que la cadena suya se tensa; sabe que nos pegamos a la pared de la sacristía, o de la escuela, o de cualquier casa - cuando pasa uno de estos mozos - y sabe que luego, con frecuencia, suena un ruido infernal de moto sin escape que arrecia al aproximarse, y se hace insufrible. También sabe Nela que inmediatamente el ruido se aleja calle de la Ermita arriba o camino de las eras. Tranquila, Nela, tranquila: ya pasó el punki de los cojones - le digo – y continuamos nuestra marcha.
Una mañana intenté asociar el punky a un hecho concreto y así hacerla comprender lo que significa el pendiente de mancho adolescente moderno. Salimos, según constumbre, a comprar el pan, y al pasar por la acera de Prudencio vi aparecer un chucho barjero indefinible. Con mas miedo que otra cosa, el chucho se acercó a nosotros y olió a Nela unos instantes. Nela, que no estaba en celo, bajó el rabo y continuó su andar imperturbable. Ursula, la mujer de la limpieza de Prudencio, pintaba en aquel momento la reja de una ventana de verde, así que todo fue coser y cantar: con un alfilerito le pinché a Nela en una oreja y luego le pinté un mechoncito de verde junto al hocico al chucho intruso. Ves, le dije a Nela : tú no estás en celo y a tu admirado le huele el hocico a pintura...¿entiendes?: eso es un pendiente de punky.
Nela se pegó a la pared y esperó que sonara el ruido infernal de la moto mirando hacia el perro barjero que unos metros mas arriba había detenido su paso e intentaba quitarse la pintura. Pero como no había moto – pues de momento los perros barjeros no tienen moto -, mi amiga no comprendió nada. Testarudo, intenté explicarle las analogías trasnochadas del punky, la pintura, y el pinchazo en la oreja:
Nela me miró perpleja.
A la mañana siguiente hicimos el mismo recorrido. Cogí un arete del tocador de una de mis hijas y me lancé a la calle. Ursula seguía pintando las rejas de Prudencio y estaba en aquel trance remangada y hermosa; así que esta vez intenté explicarle a Nela lo del punky desde otra perspectiva. Me acerqué a Ursula, le pinché a la perra con el alfilerito, y le dije a la atareada pintora:
- Buenos días Ursula; esta usted de buen ver esta mañana, ¿ me permite? ;
Y fui yo, en esta ocasión, el que se pintó – mas de lo previsto – media frente de verde. Ursula me miró perpleja. ¿está usted bien?... - me dijo -.
- La que está bien es usted, Ursula... y me alejé como si nada.
Cada vez es mas tentador... Cada vez se hace mas difícil rechazar un sueño.
ResponderEliminarQué hermosa manera de decir, Félix.